El sistema agroecológico de la milpa podrá curar la salud del planeta: Juan Rivera Dommarco

Jesús Mendoza

El sistema alimentario prevaleciente de la agroindustria está contribuyendo a la destrucción del ecosistema planetario, lo cual se manifiesta a través de la transgresión de los límites planetarios, incluyendo el cambio climático, y al aumento en las principales enfermedades crónicas no transmisibles.

En los pasillos del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) en Cuernavaca, se gesta una parte fundamental de la respuesta global a la crisis climática y sanitaria. El Dr. Juan Rivera Dommarco, una de las mentes más brillantes de la nutrición en América Latina, se ha consolidado entre 2025 y 2026 como una pieza clave en la Comisión EAT-Lancet 2.0, el grupo de expertos más influyente del mundo dedicado a rediseñar cómo come el planeta.

De México para el Mundo: La Perspectiva del Sur Global

La inclusión de Rivera Dommarco en la comisión no es casualidad. Como director fundador del Centro de Investigación en Nutrición y Salud, ha sido un guerrero en la lucha contra la "doble carga" de la malnutrición en México: la persistente desnutrición en zonas rurales coexistiendo con una epidemia de obesidad impulsada por alimentos ultraprocesados.

En sus publicaciones más recientes en The Lancet (2025-2026), Rivera subraya que la transformación de los sistemas alimentarios no puede ser igual para todos. "No podemos pedirle la misma reducción de consumo de proteína animal a un habitante de un país de altos ingresos que a un niño en la Sierra Tarahumara que sufre anemia", ha argumentado el doctor. Su labor ha sido matizar la "dieta de salud planetaria" para que sea equitativa, accesible y culturalmente pertinente para el Sur Global.

La misión es tan ambiciosa como urgente: alimentar a una población proyectada de 9,600 millones de personas para el año 2050 sin destruir los ecosistemas que sostienen la vida. El reporte de la Comisión, en el que Rivera ha trabajado intensamente, propone un marco científico donde la salud humana y la salud del ecosistema son interdependientes. Los datos son contundentes: el sistema alimentario actual es responsable del 30 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero y del 70 por ciento del uso de agua dulce**.

La propuesta que Rivera defiende en los foros internacionales de 2026 se basa en tres pilares:

1. Reducción del desperdicio: México pierde cerca del 35 por ciento de sus alimentos producidos; mitigar esto es equivalente a reforestar selvas enteras.

2. Proteína Sostenible: Fomentar el consumo de leguminosas, nueces y semillas, reduciendo la dependencia de la ganadería extensiva que devasta el Amazonas y las selvas del sureste mexicano.

3. Soberanía Alimentaria: Rescatar la "Dieta de la Milpa", un sistema ancestral que Rivera ha validado científicamente como el modelo perfecto de salud planetaria.

El liderazgo de Rivera en EAT-Lancet ha permeado las decisiones del nuevo gobierno federal en México. Sus publicaciones han servido de base para la actualización de las Guías Alimentarias y Sostenibles para la Población Mexicana, que ahora incluyen no solo qué comer para evitar la diabetes, sino qué comer para reducir la huella de carbono.

La influencia de sus artículos ha sido tal que, en el último año, diversas naciones latinoamericanas han adoptado el modelo de etiquetado frontal de advertencia (del cual Rivera fue pionero) bajo la premisa de que un consumidor informado es el primer paso para un planeta sano.

“El sistema alimentario, en efecto, está contribuyendo de manera muy importante a la transgresión de los límites planetarios. En otras palabras, sí está destruyendo el ecosistema planetario. Tenemos esta información basada en 10 grupos de modelaje de todo el mundo que coinciden en esas cifras”, afirma con toda certeza el Dr. Juan Ángel Rivera Dommarco, investigador reconocido mundialmente en el área de nutrición poblacional y salud pública durante una entrevista exclusiva con Tecnociencia y Desarrollo.

Rivera Dommarco nació en Teziutlán, en la sierra norte del Estado de Puebla, donde cursó su educación básica. Estudió la Licenciatura en Nutrición y Ciencias de Alimentos en la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México así como su Maestría en Ciencias; obtuvo su Doctorado en Ciencias con especialidad en Nutrición Internacional en la Universidad de Cornell, en Nueva York. El científico poblano es Premio Nacional de Ciencias e Investigador Emérito Nacional.

La afirmación del Dr. Juan Rivera es una de las conclusiones de la Comisión Lancet, que se planteó el problema de rediseñar cómo come el planeta ante el desafío de alimentar a una población proyectada de 9,600 millones de personas para el año 2050 sin destruir los ecosistemas que sostienen la vida

Dr. Walter Willett, Presidente de la Comisión EAT-Lancet y el Dr. Juan Rivera

Los límites planetarios y el umbral del no retorno

Rivera Dommarco explicó que la Comisión EAT Lancet llegó a esta conclusión a partir del marco conceptual de los límites planetarios, basado en la evaluación del estado actual de nueve procesos fundamentales para la estabilidad de lo que llaman el Sistema-Tierra o de los ecosistemas que nos sostienen, y que sugiere umbrales para cada uno de estos nueve procesos, umbrales que en el caso de ser superados pondrían en peligro la habitabilidad del planeta por nuestra especie y muchas más. Un límite planetario delimita un ámbito de actividad seguro para los seres humanos, respecto a la resiliencia de la biósfera, que es el “techo”. Si rebasamos ese techo, incurrimos en la transgresión de un límite planetario, pero también considera la base social, que es el “piso”.

“Esa base social es tal que garantiza que todas las personas que habitan en el planeta tengan los recursos necesarios para que sean efectivos sus derechos humanos. En otras palabras, para que yo coma, para que yo tenga aseo, para que tenga salud, etcétera, requiero de una serie de productos, de insumos que, claro, también tienen un impacto sobre los sistemas de la Tierra, pero esos son indispensables porque esa es la base social y entonces crea entre ambos un espacio seguro y justo en que la humanidad puede desarrollarse”, plantea el Dr. Rivera.

La Comisión Lancet se enfocó más en el “techo”, es decir, en la transgresión, ese límite que pone en riesgo la estabilidad del ecosistema que sostiene la vida. Los nueve procesos son cambio climático, la integridad de la biósfera, cambios del uso de suelo, el uso de agua dulce, el flujo biogeoquímico (sobre todo de nitrógeno, nitrógeno y fósforo), acidificación del océano, carga de aerosoles atmosféricos, agotamiento del ozono estratosférico, contaminación química e incorporación de nuevas entidades.

Todos estos procesos son indispensables para sostener la vida, por lo que la Comisión Lancet se dio a la tarea de, primero, hacer una estimación de qué va a suceder con esos procesos naturales de la Tierra en términos de cuántos de ellos serán transgredidos en el año 2050, cuando la población mundial se acerque a los 9,600 millones de personas.

La conclusión a la que han llegado otros autores es que seis de estos nueve límites planetarios han sido transgredidos. La razón de la transgresión por la actividad humana no es solamente por los efectos del sistema alimentario, sino incluye también, por ejemplo, el excesivo uso de biofósiles, como petróleo y carbón, para transporte y muchas otras actividades humanas.

Fabrice DE Clerk,  coautor del Informe EAT Lancet

El sistema alimentario actual nos está matando

Por su parte, la Comisión EAT Lancet pudo estimar en qué medida el sistema alimentario está contribuyendo a esa transgresión a partir de preguntas de investigación como ¿qué come actualmente el humano? ¿cuál es nuestra dieta y alimentación?, y del conocimiento de que lo que comemos tiene mucho que ver también con cómo se produce, qué tipo de tecnología agropecuaria se aplica y también cuánto se desperdicia en todo el proceso.

Entonces, con esa información del total de recursos que estamos empleando para la producción de alimentos, la Comisión Lancet estimó que para el año 2050 con 9,600 millones de personas, si se sigue consumiendo la misma dieta, usando las mismas tecnologías agrícolas, y bajo el escenario también de desperdicios tan altos como los actuales, se transgredirán, a niveles aún más peligrosos que los actuales, los seis límites planetarios ya mencionados. Esta Comisión concluyó que tan sólo la contribución del sector sistema alimentario ya es suficiente para transgredir los límites de los seis procesos.

“Para mí es espeluznante pensar que una actividad tan importante como es la de alimentarnos, sin la cual no podríamos vivir, está transgrediendo actualmente ya los límites planetarios y si no hacemos algo para modificar esto, el futuro de nuestra especie está en verdadero peligro. Es una ironía: ¿qué hizo mal el humano para que estemos en este en esta situación?”, reflexiona el Dr. Rivera.

El desarrollo de metodologías, modelos y escenarios probabilísticos se ha realizado desde hace algunas décadas por el Panel de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en función del aumento de la temperatura mundial, que a su vez está en función de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Por su parte, la Comisión Lancet también ha emprendido la correspondiente investigación científica para el caso del sistema alimentario mundial, con el desafío de desarrollar escenarios cuantificados. Así que el IPCC y la Comisión EAT Lancet tienen elementos en común.

De hecho, el IPCC ha estado investigando los efectos directos del calentamiento global en la producción de alimentos, y calculan que habrá una reducción en su producción.

La metodología de la Comisión Lancet es distinta en el sentido de que la pregunta de la que partieron fue cuáles serían los escenarios de transgresión de los límites planetarios para satisfacer la alimentación del humano en el 2050, en los que el dato principal es el tamaño de la población, el tipo de dieta y la manera en que se producen y desperdician alimentos.

El Dr. Rivera plantea que en México el maíz y el frijol en conjunto sustentan el 25 por ciento de todas las calorías consumidas por los mexicanos. “Imagínese un escenario en donde se reduzca la producción de maíz en 30 o 40 por ciento y también la de frijol por impacto del cambio climático: sería terrible porque entonces tendríamos que recurrir a mercados internacionales. Seguramente los precios internacionales serían muy altos. Entonces hay otra serie de posibles efectos que nosotros no cuantificamos. La conclusión es que, si no hacemos algo radical, lamentablemente vamos a sobrepasar esos límites hasta el punto de no retorno”, advierte el científico mexicano.

La construcción de Políticas Públicas con Visión Sistémica

No obstante, en el artículo publicado en la revista Lancet, los científicos de la Comisión demostraron cuáles serían las políticas y acciones que permitirían volver a estar dentro de los límites planetarios en el año 2050, aún con 9,600 millones de humanos, pero todos consumiendo una dieta saludable para volver a un punto de reducción de emisiones, a niveles mejores incluso que los que tenemos ahora, pero se necesitan hacer cambios muy importantes que requieren políticas públicas muy difíciles de aplicar.

Si bien México ha avanzado en la creación y desarrollo de políticas públicas hacia una dieta saludable, como el impuesto a las bebidas azucaradas y los sellos negros a productos alimenticios procesados, ahora está en manos de las personas moderar su consumo. Ya se tiene evidencia de reducciones en el consumo de azúcar y otros nutrientes críticos que dañan la salud como resultados de los impuestos a las bebidas azucaradas y el eququetado de advertencia en alimentos, pero necesitamos más estudios comparativos de consumo antes y después de impuestos, sellos, regulaciones de ambientes alimentarios en escuelas, restricciones de la publicidad de alimentos que dañan al salud para conocer la efectividad de estas políticas públicas en el mediano y largo plazo.

El Dr. Juan Rivera Dommarco fue uno de los impulsores de los impuestos a las bebidas azucaradas y a los alimentos ultraprocesados en México; él y sus colaboradores generaron evidencia y demostraron con evaluaciones rigurosas que hubo reducción de alrededor de 8 por ciento en el consumo de bebidas y alimentos ultraprocesados en una proporción que es la esperable porque el impuesto aplicado fue de alrededor del 10 por ciento del valor en el caso de bebidas y 8% en el caso de alimentos ultraprocesados.

“No ha habido la voluntad política para que el impuesto sea de 20 por ciento o más, que es lo ideal, pero aún ese 10 por ciento desde luego ha tenido impactos en reducciones que se traducen en menos diabetes y menos muertes. Pero algo muy importante que también ya se ha demostrado en México es que esto ha obligado a las industrias a reformular. Las industrias siempre han dicho que ellos pueden reformular, que mejor no se apliquen estas políticas, que ellos lo pueden hacer de buena fe, pero nosotros sabemos que eso no es cierto, porque nunca lo han hecho hasta que se aplicaron estas medidas” declara el Dr. Rivera.

Pero para Rivera Dommarco el tamaño del problema es tan grande que no pueden ser políticas aisladas sino coherentes e integradas con una visión sistémica, las que lo solucionen. “Pero eso puede suceder solamente si tenemos estadistas que tengan una visión de largo plazo, que estén comprometidos y sabemos que los políticos la única manera de hacerlos reaccionar es ante la demanda de la población. Entonces, yo sí tengo una gran esperanza de que, difundiendo esta información, generando conciencia entre la gente, sobre todo entre los jóvenes, logremos una presión tal que no les quede otra a los políticos más que adoptar medidas para proteger la salud del humano y la salud del planeta. Veo en los jóvenes un gran interés en el tema, mucho mayor que en el de gente de mi edad y tengo esperanzas de que puede haber un cambio y lo que tenemos que hacer es no bajar la guardia y seguir haciendo este tipo de estudios y de investigaciones”, apunta el científico poblano.

¿Crecimiento económico vs Salud Planetaria?

Para el Dr. Rivera Dommarco el impacto que la actividad humana en general está teniendo no nada más sobre el clima, sino en todos los nueve procesos que constituyen los sistemas naturales de la Tierra, es muy complejo y tiene mucho que ver con el sistema económico que la humanidad ha adoptado, en el que el crecimiento económico depende del consumo y del hiperconsumo, incluso de bienes que no son necesarios. Ese énfasis en el crecimiento económico a expensas de la salud humana y de la salud planetaria está teniendo repercusiones muy negativas para la humanidad, y modificarlo es algo muy complejo, reconoce el Dr. Rivera.

“Sin embargo, en estos momentos donde estamos tan preocupados por el futuro de la salud planetaria, ha habido una regresión mundial en término del papel que los estadistas o los líderes de las naciones están jugando, al grado que creo que tenemos actualmente un grupo grandísimo de dirigentes irresponsables, ignorantes o tan comprometidos con intereses comerciales que no les importa el futuro de la humanidad y de la salud. Al contrario de lo que logramos en las décadas de los años ochenta y noventa, en donde empezaba a haber consensos y teníamos ya un acuerdo para reducir el calentamiento global, actualmente ha habido una terrible regresión en el mundo y la conclusión es que los humanos no aprendemos, estamos cometiendo errores terribles” sentencia Rivera Dommaco.

Para el Dr. Rivera la salud planetaria es la consecución del nivel máximo de salud, bienestar y equidad en todo el mundo, respetando los límites de los sistemas naturales de la Tierra mediante la integración de varios sistemas humanos, políticos, económicos y sociales. Ante esta definición, plantean, la salud humana no debe ser la única prioridad de la salud pública, sino que el futuro de la humanidad solo se logrará si las actividades humanas no transgreden los límites ambientales seguros dentro de los cuales la humanidad puede florecer sin destruir los sistemas naturales de la tierra.

 

“Y para la supervivencia de nuestra especie, sin duda alguna, tenemos que pensar en la salud planetaria, no nada más en la salud del humano, sino en la salud de los ecosistemas, en la salud también de todas las especies que contribuyen a tener este ecosistema que sostiene nuestra vida”

 

“Y algo muy interesante, mis colegas salubristas me dicen frecuentemente, ´bueno, pero el deterioro de los sistemas de la Tierra ya no es salud pública´. Lo que yo  siempre les respondo es que no puede haber una preocupación más importante para la salud pública que la supervivencia de nuestra especie. Y para la supervivencia de nuestra especie, sin duda alguna, tenemos que pensar en la salud planetaria, no nada más en la salud del humano, sino en la salud de los ecosistemas, en la salud también de todas las especies que contribuyen a tener este ecosistema que sostiene nuestra vida” argumenta el Dr. Rivera quien cuando fue director general del Instituto Nacional de Salud Pública, creó un programa de salud planetaria basado en la definición anterior.

En el sistema alimentario mexicano resulta paradójico el bajo consumo de proteínas prevaleciente en un sector de la población, un alto consumo de proteínas en otro sector, y el desperdicio de alimentos, que Rivera y colaboradores han cuantificado en cerca del 35 por ciento. “Es increíble: gastamos una cantidad impresionante de recursos naturales de la Tierra para generar alimentos y alrededor de un tercio de ellos en el mundo, y en México 35 por ciento, se desperdician. Quiere decir que son recursos desperdiciados, es decir, hubo emisiones de gases de efecto invernadero que ni siquiera sirvieron para alimentar a la gente. Hubo uso de agua y de tierra. Y luego lo peor de todo es que una vez que esos alimentos porducidos se convierten en basura (en érdidas y despercidio), siguen generando gases de efecto invernadero”.

La milpa y la chinampa, modelos de respuesta mundial frente a la crisis ambiental.

El doctor Rivera y colaboradores han validado científicamente a los sistemas ancestrales de la milpa y la chinampa, entre otros, como los modelos perfectos para llegar a la salud planetaria porque tienen efectos ambientales muy positivos por varias razones. Primero, se trata de cultivos en donde al mismo tiempo se están produciendo, en el caso de la milpa, maíz, chile, calabaza, frijol, a veces tomate, es decir, el sistema milpa es muy diverso. “Es un sistema totalmente opuesto al monocultivo que vemos en los estados productores de maíz en Estados Unidos, en donde hay miles de hectáreas, sin ninguna otra planta que no sea maíz y eso acaba por deteriorar la tierra, pero además es una agricultura intensiva con una gran cantidad de fertilizantes y plaguicidas con impactos ambientales tremendos; son tierras muertas porque ya en la en la tierra ha disminuido mucho la población de bacterias, de hongos, de lombrices, que es completamente lo opuesto al sistema tradicional mexicano de la milpa, en donde tenemos varias ventajas”.

Una de ellas es que al convivir diversos cultivos se crean microambientes que protegen a muchísimas especies. Generalmente el sistema milpa es un sistema que usa abonos naturales o cantidades muy pequeñas de fertilizantes. Algo muy importante es que generalmente la combinación de cultivos logra reducir la necesidad, de plaguicidas y eso tiene impactos tremendos en preservar la biodiversidad. Lo mismo sucede en el sistema de las chinampas, que además lo que produce es también una fuente de secuestro de carbono, y eso está ayudando a decarbonizar el ambiente.

“Este sistema milpa va más allá del propio sistema agrícola en sí: significa que la gente está consumiendo predominantemente productos de origen vegetal, está consumiendo maíz, frijol, calabaza, chile y está consumiendo cantidades pequeñas, moderadas de productos de origen animal. Muchas veces en esos mismos predios tenemos gallinas y a veces una vaca, con lo que se logra un equilibrio ecológico que muy difícilmente puedes lograr con la agricultura de monocultivo que se generó a partir de la revolución verde”.

 

El desafío es cómo lograr sistemas agroecológicos eficientes que produzcan suficientes alimentos para alimentar al planeta

 

El desafío es cómo lograr sistemas agroecológicos eficientes que produzcan suficientes alimentos para alimentar al planeta. Hay varios agrónomos que participaron en la Comisión ET Lancet y también agrónomos con los que trabaja el Dr. Rivera en un proyecto que sobre el impacto del cambio climático en el futuro sobre la producción de maíz y frijol, que tienen evidencia de que es posible lograr sistemas tipo milpa que preservarían mucho los sistemas del planeta, el ecosistema, y que al mismo tiempo podría llegar a ser altamente productivos.

“Tenemos necesidad de mucha investigación con un enfoque nuestro, o sea, no el enfoque que usan en Estados Unidos y en otros países de que la productividad es lo único que importa: ´no importa si yo deterioro los sistemas de la Tierra, lo que quiero es tener una un altísimo rendimiento´. No, lo que tenemos que hacer es tener alto rendimiento pero preservando los sistemas naturales de la Tierra. Eso puede ser una agenda, yo diría que es una Agenda del Sur. Creo que a nosotros nos interesa mucho más que al Norte tener ese tipo de agricultura”, aclara el científico mexicano miembro de la Comisión EAT-Lancet.

Desde hace algunas décadas se ha generado un debate desde algunos sectores de la comunidad científica cuestionando la validez científica de los conocimientos ancestrales, por un lado. Por otro, también se ha esgrimido que, frente a estos sistemas agroalimentarios de bajo rendimiento y de baja productividad, la respuesta está en los organismos genéticamente modificados o en el desarrollo de la investigación del genoma vegetal y todas las consecuencias positivas, argumentan, que va a traer para poder alimentar a las personas.

Sin embargo, para Juan Rivera Dommarco los organismos genéticamente modificados tienen potenciales problemas, por ejemplo, en el caso de México, que es la cuna del maíz, el producir variedades genéticamente modificadas pone en peligro el patrimonio genético de las variedades ancestrales del maíz.

Por esto, el Dr. Rivera considera que las decisiones que se han tomado en México de no producir alimentos genéticamente modificados tienen un buen fundamento. “El informe de la Comisión EAT-Lancet muestra que si se modifica la dieta actual del humano en una dieta predominantemente vegetal, que es la que la que favorece más la salud, y si utilizamos en su producción técnicas agroecológicas actualmente disponibles y reducimos a una cuarta parte las pérdidas y desperdicio de alimentos, podemos alimentar a 9,600 millones de personas en 2050 sin transgredir los límites planetarios alimentando” argumenta.

El Drr. Juan Rivera Lommaco en la academia Nacional de medicina

Tecnociencia y Desarrollo

“Sin duda es importante que haya avances tecnológicos. Claro que sería mejor porque entonces llegamos más rápido y más fácil a las metas. Pero lo que estamos demostrando es que sin el cambio en nuestros patrones dietéticos y sin la pérdidas y desperdicios, aun teniendo técnicas agroecológicas mucho más eficientes y mayor rendimiento, aun así, no evitaremos sobrepasar los límites planetarios” aclara y advierte el Rivera Dommarco.

El año antepasado, Rivera y varios colaboradores del Instituto Nacional de Salud Pública, del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) y Universidad de Cornel  formaron un consorcio para presentar a la Fundación Welcome Trust de Inglaterra un proyecto de investigación para estimar los efectos del cambio climático sobre la producción de maíz y frijol y sus repercusiones en la nutrición y salud de la población.

Una vez que tengan proyecciones de los efectos que el cambio climático va a tener en la producción, buscarán modelar escenarios de los efectos que esto puede tener en los precios internacionales y nacionales de estos productos en el consumo a nivel del hogar de estos productos y el efecto que tendría en la desnutrición infantil, en la seguridad alimentaria y en enfermedades crónicas, particularmente en enfermedades crónicas relacionadas con bajo consumo de granos enteros y fibra, , ya que en México el maíz (tortilla) y el frijol son las principales fuentes de grano entero y fibra y varios micronutrimentos.

Otro propósito del proyecto presentado a Wellcome Trust es que los resultados se utilicen para la toma de decisiones por el gobierno mexicano, en el que los secretarios de Salud y de Agricultura ya están interesados para acciones en el futuro.

Finalmente, el doctor Juan Rivera Dommarco quiso expresar que “le da muchísimo gusto la creación del proyecto Tecnociencia y Desarrollo porque puede ser muy importante para la difusión y generación de conciencia sobre temas como el actual que tienen tanta importancia tienen para la salud del humano y del planeta. Ojalá que sigamos colaborando en el futuro y que el proyecto siga difundiendo información como esta.”